
Hemos confeccionado la siguiente sección con el fin de brindarle herramientas concretas que le ayuden a comprender el proceso de duelo y afrontar de un modo saludable la pérdida.
Esperamos le resulte útil, que aporte esperanza y consuelo en el período más difícil de la vida de una persona, la pérdida de un ser querido.
Sabemos que en un futuro, por más remoto que parezca, habrá alivio.
Desarrollo de contenidos:
Lic. Ma. Soledad Fernández Pagluica
DUELARTE Centro Asistencial del duelo

El duelo es la respuesta natural y saludable ante la pérdida. Es una experiencia común a todas las personas.
Sin embargo, por desinformación tratamos de evitarlo, sin darnos cuenta que de este modo le estamos dando la espalda a la ayuda que él mismo nos ofrece, y así, prolongamos el dolor.
Duelo no solo implica Dolor, también significa Desafío. El desafío de encontrar nuevos caminos para poder ajustarnos a un mundo que ha cambiado para siempre. Y, fundamentalmente, el desafío de crecer a través de la pérdida.

Predecir cuánto tiempo nos llevará superar una pérdida es difícil. Algunos podrán hacerlo en meses, otros requerirán años. El conocido mito de que "el tiempo lo cura todo" afecta la evolución del duelo. Supone que el dolor disminuirá con el paso de los días. No obstante, en el duelo, este no suele ser el caso. Por el contrario, a medida que van pasando los días el dolor se va agudizando. Habitualmente la duración mínima es de un año, el período mínimo necesario para vivir las fechas especiales sin la persona amada. Es importante no confundir la duración del duelo con el grado de amor. Menor tiempo transcurrido no significa querer menos a la persona que se ha ido, así como un mayor tiempo no significa querer más.
Podemos recordar a quien perdimos sin sentir tanto dolor
Hemos aprendido a vivir sin él o ella
Podemos generar nuevos proyectos y mirar al futuro, sin olvidar el pasado




El Duelo implica un gran esfuerzo, no es pues un fenómeno pasivo. Hay varias tareas que deben emprenderse y el deudo participa intensa y activamente en cada una de ellas. Algunas personas se ven tentadas a dejar de lado esta etapa, pero si el dolor no se trabaja de alguna manera, no se expresa, lejos de disiparse, se enquista y se manifiesta a través del cuerpo. Para vivir el duelo de manera saludable, no basta con esperar a que todo pase, es preciso dar algunos difíciles pasos.
El trabajo del duelo implica fundamentalmente:
Esta tarea puede resultar especialmente difícil si la muerte fue inesperada o violenta, si nos encontrábamos lejos cuando ocurrió o no pudimos participar en los ritos funerarios.
Naturalmente nos resistimos a la hora de aceptar que nuestro ser querido ya no está y que no va a regresar, pero dado que no es posible elaborar un duelo que nunca comenzó, primero debemos aceptar el hecho de que se produjo la muerte. Para esto, ayudará hablar de la pérdida, ver el cuerpo del ser querido en el velatorio y visitar el cementerio.
Usted sabrá que ha podido dar este paso cuando pierda toda esperanza de recuperar a su ser querido.
Luego de haber aceptado la realidad de la pérdida se experimenta un dolor sumamente intenso, tanto físico como emocional. Es muy frecuente que este momento coincida con la disminución del apoyo de familiares y amigos. Las altas expectativas tanto propias como de los demás, pueden hacerle sentir la obligación de contener su dolor. Sin embargo, sólo podrá seguir adelante si logra identificar y expresar, de manera apropiada, los sentimientos relacionados con la pérdida y todas las emociones que lo acompañan: tristeza, ansiedad, rabia, miedo, culpa...
Perder un ser querido puede implicar muchos cambios en la vida de una persona. Hacer el duelo significa también aprender a vivir sin la persona amada, aprender a tomar decisiones por uno mismo, a desempeñar tareas que antes hacía el fallecido y desarrollar nuevas formas de relacionarse con familiares y amigos.
A medida que avancemos en el trabajo del duelo, tendremos que desprendernos finalmente de nuestro apego a la persona fallecida, pero podemos conservar nuestro amor por ella, que vivirá por siempre en nuestro corazón.
Esto implica establecer un cambio en la relación, de física a simbólica y mantener vivo ese amor. Esta tarea supone algo más que adaptarse, supone recuperar nuestro sentido de la vida y la confianza en el mundo; no temer a nuevas pérdidas e implicarse en nuevas relaciones.

Recuerde que estos sentimientos son normales y pasajeros e irán disminuyendo a medida que avance en el trabajo de duelo. De no ser así es recomendable consultar a un profesional.
Anestesia emocional. Sobre todo en los primeros momentos, cuando nada parece real, es normal que usted piense y actúe como si su ser querido continuara vivo. En realidad el dolor es tan fuerte que el organismo puede "anestesiar" de forma transitoria el sufrimiento, posponiendo el despertar doloroso para después.
Enojo. Forma parte del duelo y no debemos luchar contra él. Irá disminuyendo gradualmente. Es común enojarse con los médicos por no haber hecho algo para evitar la muerte, con Dios y el destino, y también con el mismo ser amado, por sentirnos abandonados.
Cambios bruscos de humor. Puede estar tranquilo y de repente estallar en un ataque de ira o llanto sin motivo aparente. Un día estará bien y al día siguiente mal. Esto es conocido como "fenómeno de la montaña rusa del duelo".
Tristeza. Es el sentimiento más común. Suele manifestarse mediante el llanto, pero no siempre es así. No llorar no significa no sentir tristeza, ya que el llanto no es la medida de nuestro amor. Algunas personas la expresan con aislamiento, apatía o enojo. Los niños suelen expresar su tristeza con un comportamiento irritable.
Miedo. Puede manifestarse desde un ligero temor hasta un permanente estado de alerta. Es muy normal experimentar miedo y preocupación por su futuro, por la salud propia y de otros seres queridos.
Autorreproches. Es habitual sentir culpa por asuntos que han quedado pendientes, por cosas no hechas o dichas, por no haber hecho más de lo que se hizo o por no haber muerto en su lugar.
Soledad. El deseo de seguir compartiendo las situaciones más cotidianas, sumado, muchas veces, a la sensación de falta de comprensión del resto, hace que nos sintamos solos y con la sensación de que el mundo se hubiera acabado tras la pérdida.
Alivio. Cuando la persona fallecida pasó por un proceso largo y doloroso, o cuando se tratá de una relación conflictiva, es frecuente experimentar cierto alivio tras la pérdida, muchas veces acompañado con sensación de culpa.
Alucinaciones e ilusiones. No es extraño tener la sensación de ver a la persona fallecida entre la gente, sentir su presencia o escuchar su voz. A veces esto produce miedo y confusión. Sin embargo, algunas personas viven estas experiencias como agradables.
Náuseas
Boca seca
Palpitaciones
Nudo en el estómago
Dolor de cabeza
Fatiga y cansancio
Sensación de falta de aire
Dolor de espalda
Temblores
Mareos
Dificultad para tragar
Oleadas de calor
Visión borrosa
Hipersensibilidad al ruido
Opresión en la garganta
Opresión en el pecho
Este es el llamado "duelo del cuerpo" y siempre es recomendable realizar un chequeo médico.
Muchas personas confiesan que la muerte de un ser querido les ha hecho tomar conciencia de lo que realmente importa en la vida, de los valores más genuinamente humanos.
Surgen preguntas sobre el porqué, sobre el sentido de la vida, sobre el sentido del amor, sobre un posible reencuentro, etc. Es habitual también que, ante semejante dolor, cuestionemos nuestras creencias religiosas.
Sin embargo, como dijimos antes, estos sentimientos son normales y pasajeros e irán disminuyendo a medida que se avance en el trabajo de duelo.
Llorar
Aislamiento social
Soñar con la persona fallecida
Llamarlo en voz alta o buscarlo
Fumar o beber, más de lo habitual
Falta de concentración, distracciones u olvidos
Pensamientos repetitivos; imágenes y recuerdos que nos invaden
Evitar recordatorios o, por el contrario, atesorar objetos
Hiperactividad o, por el contrario, ninguna actividad
Alteraciones del sueño; insomnio o dormir más de lo habitual
Alteraciones de la alimentación; falta de apetito o comer en exceso
Distanciamiento familiar, discusiones o necesidad de mayor compañía
Hablar constantemente de la persona fallecida o, por el contrario, negar su existencia


Es aconsejable permitirse estar en duelo. Usted puede verse tentado a evitar el dolor con distracciones, pero el momento de sentir el dolor es ahora.
Es saludable expresar las emociones que surjan. Si siente dolor expréselo evitando siempre lastimar a los demás. Con el tiempo irá disminuyendo. Y recuerde que el llorar es un aspecto fundamental del duelo. Llorar es tan natural como reír.
Necesitamos tiempo para reponernos de una pérdida. El duelo no se resuelve de un día para otro, por lo tanto, no es bueno crearnos expectativas mágicas. Debemos estar preparados para las recaídas. Hoy puede estar bien y un suceso inesperado, como el aniversario o las Fiestas le pueden hacer sentir que está como al principio.
Debemos ser comprensivos con nosotros mismos. Reconocer que en este período somos más susceptibles a los problemas emocionales y físicos. No tema volverse loco, puede vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, culpa, y hasta fantasías de querer morir. Si tiene dudas consulte a un profesional.
Siempre que sea posible postergue las decisiones importantes. Debido a que es difícil pensar con suficiente claridad, lo más prudente es aplazar las decisiones importantes. Ante el sufrimiento, y con la intención de disminuirlo, puede tomar decisiones que luego considere que no fueron acertadas, por ejemplo: vender la casa, dejar el trabajo, o deshacerse apresuradamente de objetos y recuerdos.
Es muy importante cuidar la salud. Alimentándose bien, descansando lo suficiente, practicando ejercicio moderadamente, y evitando el tabaco, el alcohol o los tranquilizantes. Si como ayuda en estos momentos tiene que tomar algún medicamento, que sea siempre a criterio de un médico. Tomar medicamentos para "no sentir" puede contribuir a cronificar el duelo. Si padece alguna enfermedad, no abandone los tratamientos con la excusa de que ya todo le da igual.
Busque y acepte el apoyo de los demás. Durante el duelo es natural necesitar la compañía de otros. Piense que pueden querer ayudarle pero no saber cómo hacerlo; es recomendable que exprese concretamente lo que necesita.
Procure ser paciente con los demás. Entienda que para ellos la situación también es dif�cil. La mayoría no está preparada para acompañar en estas circunstancias, por lo que generalmente no sabe qué decir, ni qué hacer.
Es común sentir que "los amigos se convierten en extraños y los extraños se convierten en amigos" por lo tanto, si considera que lo necesita, asista a un grupo de duelo, le aliviará compartir su experiencia de pérdida con personas en la misma situación.
Permítase descansar, disfrutar y, si es posible, divertirse. Es recomendable retomar, paulatinamente, aquellas actividades que le resultaban placenteras. No hay motivo para privarse de encontrar pequeños espacios de bienestar.
No se trata de buscar el placer para evadir el dolor, sino de atenuar el difícil momento.
Tal vez le ayude pensar anticipadamente cómo afrontar fechas especiales (aniversarios, cumpleaños, etc.) y con quién compartirlas.

Por desgracia, la incomodidad de muchos ante la muerte y el desconocimiento sobre el duelo los lleva a evitar a las personas que han sufrido una pérdida. Lo primero que ocurre es no saber qué decir o hacer para aliviar su dolor. Sin embargo, las personas en duelo necesitan ser escuchadas más que escuchar nuestros consuelos. Se tiende a pensar que la pérdida hay que superarla rápidamente y sin ningún tipo de ayuda, aunque realmente no es así.
Estando presentes. Tomando la iniciativa de llamarlo o visitarlo en lugar de decir "llamame si precisás algo". Es importante mantenerse en contacto. Las Fiestas y aniversarios son momentos particularmente dolorosos en los que podemos hacer un esfuerzo especial para estar cerca de la persona en duelo.
Ofreciendo ayuda concreta, ya que las tareas de la vida cotidiana son muy difíciles al comienzo. La ayuda con los trámites y los rituales funerarios suele ser la mejor manera de colaborar en los primeros momentos. Tanto participar del funeral, como ver el cuerpo del fallecido puede llegar a ser muy doloroso pero son las formas de que disponemos para decir Adiós. Sugiérale que asista.
Evitando decir frases hechas tales como "ya no sufre...", "tenés un angelito". La incomodidad nos mueve a recurrir a ellas, pero este tipo de expresiones no suele ser de mucha ayuda. La idea es poder acompañar; no quitar el dolor, ya que en este momento nadie puede. Un abrazo amable expresará nuestro apoyo cuando las palabras no sean suficientes.
Dándole tiempo para recuperarse. Algunas personas parecen reponerse de la pérdida rápidamente, otras precisan más tiempo. Es importante acompañar, sin poner expectativas irreales; concediéndole el tiempo suficiente para superar el duelo de una forma adecuada que les evite problemas en el futuro.
Alentando la expresión de las emociones, ya que luego la persona suele sentirse más aliviada y liberada. Si llora, no tiene que decir ni hacer nada especial, lo que más necesita en ese momento es su presencia, para así expresar su dolor. A veces cortamos las emociones del otro para protegernos de las nuestras. No hay nada de malo en mostrar su pena por lo que le ocurre.
Permitiendo que hable del ser querido que ha muerto, no tema hablar de la persona fallecida con quien ha sufrido una pérdida por miedo a que se emocione. Recordar a la persona amada es un consuelo y no aporta mayor tristeza como muchos creen. Permítale que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite. Evocar los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer.
Respetando la diversidad de reacciones. El duelo es una experiencia universal, pero es vivida de modo extremadamente personal. Unos reaccionan controlados, otros lloran efusivamente, unos necesitan visitar la tumba diariamente, otros no; algunos prefieren mucha compañía y otros, por el contrario, prefieren estar solos. Hay personas que viven un duelo privado y no les gusta exteriorizar sus emociones. Respetemos también su necesidad de no hablar.
Ayudando a los niños, que tienen necesidad y derecho a la verdad por más dura que esta sea. Siempre hay una explicación adecuada a la capacidad de comprensión del niño. Ellos necesitan Sinceridad, Claridad y Contención.

Normalmente se temen y se evitan las crisis, sin embargo, son momentos sumamente valiosos, ya que implican realmente una oportunidad de cambio y crecimiento personal.
Una pérdida, por dolorosa que sea, siempre puede traer aparejada una ganancia, es posible afrontarla y salir de ella fortalecido aun con más recursos que con los que se contaban antes. Esto implica mucho más que sobrevivir o resignarse a sobrellevar su carga.
Una crisis puede servirle para:
Detenerse a reflexionar acerca de su vida. Detenerse es muy distinto a permanecer estancado, implica hacer una pausa y escucharse a uno mismo.
Volver a usted mismo y establecer prioridades, si es que en algún momento se ha desconectado de lo que en realidad es para usted importante.
Reunir las fuerzas necesarias para introducir cambios difíciles que, en circunstancias normales, quizás no se atrevía a hacer.
Acercarse nuevamente a personas de las que se había distanciado.
